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La excelencia de llevar un reloj suizo
La horología es el arte o la ciencia de medir el tiempo, y si hay un país experto en este menester, es sin duda, Suiza. 
En cuestiones de estilo, un buen reloj es y será siempre, el  accesorio perfecto para un dandy.
Desde el siglo XIX, los fabricados en Suiza han ganado en reconocimiento en todo el mundo y hoy, la etiqueta Swiss Made se ha posicionado como un símbolo de ejecución perfecta y prestigio.
La última versión de esta etiqueta data de 2017, cuando una normativa federal tuvo la iniciativa de definir los límites de cuáles sí se pueden considerar relojes suizos (e incluir por primera vez los smartwatches).
Entre las características que ha de tener una de estas máquinas para conseguir la “denominación de origen”, como si de un vino se tratara, son las  manufactures d'horlogerie y  los ébauches, o lo que es lo mismo, el movimiento suizo; es decir, un auténtico Swiss Made debe contar siempre con un movimiento certificado.
En cuanto al proceso de fabricación, los materiales  han de ser suizos y cada paso de su ensamble, ha de realizarse también en dicho país.

Aquí no acaba todo…

Ciertamente la creación de un reloj suizo y todos los procesos que lo rodea, podrían considerarse un auténtico arte. Pero, para descontento de los puristas, hoy, una vez el fabricante cumple con los requisitos de fabricación,  tiene la opción de obtener otras etiquetas que avalan a la pieza como reloj suizo pero no necesariamente ha de cumplir con todas las reglas estrictas de la etiqueta Swiss Made. Estas etiquetas pueden ser Swiss Movement o Swiss Quartz; que validan a la marca la exportación del “movimiento suizo” e incluso, permiten terminar el ensamble en otro país y seguir manteniendo el valor suizo de la pieza. Un dato significativo de esta industria es que su magnitud es tal, que las exportaciones de relojes suizos representan uno de los principales sectores para el comercio exterior del país.
Un reloj, más allá de ser un accesorio,  puede convertirse en una pieza de valor que se herede de generación en generación, o un bien para conservar toda la vida y que se convierta en algo atemporal.
El estilo de los accesorios de un auténtico dandy, no está reñido con etiquetas suizas o certificaciones, pero el verdadero sello de un caballero, ha de reflejarse en esos detalles que los hacen únicos y que, por sí solos, hablan de elegancia.